MI PASIÓN POR LA TOPOLOGÍA

El recorrido del Toro

Autor: Andrea Moro

En el año 1953, cuando Lacan atravesaba su etapa de predominancia simbólica dentro de su desarrollo teórico, luego de haber hecho la distinción entre parole y mot en el Discurso de Roma[1], en donde tenemos, para mi opinión, una de las definiciones de lo Real más asombrosa. Texto que es la introducción para el de Función y campo de la palabra, en el cual, en su último apartado nombra a la figura topológica del toro para desarrollar el principio de la Extimidad, concepto que en la actualidad toma un punto fundamental en el Psicoanálisis de Orientación Lacaniana. Así como nos encontramos con que los conflictos que tenía Lacan en aquel año, como ser el de la función del tiempo, de una sesión, debe ser puntuada dentro de la dialéctica de un tiempo lógico, hoy sigue vigente. Hay que decirlo, en el pudor de los profesionales al cortar una sesión, como la obligación que las grandes empresas ejercen sobre el quehacer del psicoalgo[2] prestableciendo una duración de 45 minutos estándar, en la cual, si no se cumpliese, el paciente puede denunciar al psicoalgo de no haber cumplido con su deber empresarial. Ésta es una de las paradojas con las que nos encontramos y debemos trabajar teóricamente para poder terminar con estas humillaciones, particularmente considero que el toro va en este sentido.

El toro, primera vez nombrado por Lacan, en este momento en Función y campo de la palabra, queriendo demostrar la relación que hay entre el instinto de muerte y  los problemas de la palabra. La estructura del sujeto se ve manifestada en esta característica de la palabra: un tal sentido mortal. Este sentido mortal radica en el origen del deseo del niño y su nacimiento en el lenguaje. Lacan dirá aquí que el símbolo se manifiesta como asesinato de la Cosa permitiendo la eternización del deseo. Da como ejemplo el ¡Fort!¡Da! En donde el niño, producto del deseo del otro, preso de dicha angustia, busca elaborarla con un juego de presencia-ausencia, en la que simbólicamente destruye en la ausencia el objeto de deseo.

 

El concepto de muerte de este momento nos sirve para entender el concepto de tiempo lógico. Porque acá la muerte representa el pasado bajo su forma Real, no el pasado según lo marca el reloj, “sino el pasado que se manifiesta invertido en la repetición”[3].

Este deseo de muerte, previo a la introducción en el lenguaje, es lo que quiere representar a partir del sentido mortal en el toro al reconocer en él, una exterioridad periférica y central que comparten una única región. El deseo del sujeto se comporta según una dialéctica, el dirá: dialéctica sin fin, al cual también va a explicar es al progreso en esta forma de moverse, en círculos. Todos estos conceptos se reúnen en esta figura topológica: el toro.

El sujeto Tórico

Lacan en la clase 12 del seminario 9 va a decir que ya en el discurso de Roma anticipó: la estructura del sujeto es como la de un anillo. Siendo lo que nos diferencia a los que estudiamos psicoanálisis de otras corrientes, es que no vemos al sujeto como una esfera, como quisiera la ciencia, con un adentro y afuera bien delimitado, una armoniosa esfera. Lacan saca a relucir el toro para dar cuenta cómo se debe tomar al sujeto en su decir: el sujeto tiene forma de toro, y ya en el año 1953 habla de esta particularidad acerca de que el adentro y el afuera están unidos. Esto es lo mismo a lo que alude en su seminario 24 al decir que el sujeto es un toro garrote, haciendo un juego entre “toriques” y “triques”. Esta figura es elegida por una de sus características más importantes, la de no tener borde. Esto está íntimamente dirigido a expresar esto que en algún punto es un poco incómodo: no hay forma de definir un adentro y afuera, en donde uno se pregunta ¿hasta dónde uno es el deseo del Otro y el deseo propio?

En el año 1962 hace un notable desarrollo en la lógica tórica acerca de cómo localizar la demanda y el objeto del deseo separado del deseo, que en su seminario 24 olvida por completo, inclusive dice no haberse acordado de que había dictado aquel seminario 9. Cómo también intenta definir un borde en el toro al señalar el agujero central. Particularmente yo adhiero a su desarrollo primero del año 1962.

El toro posee dos círculos irreductibles, que topológicamente no son posibles de cerrarse a un punto, ya que encierran un vacío. Estos círculos son denominados Círculo vacío y círculo pleno, representando el primero al objeto del deseo y el segundo a la demanda.

                                                                                                               

Más adelante en el seminario 25 le da el nombre de corte meridiano al círculo pleno y corte longitudinal al círculo vacío, y los define como círculos no reductibles. No especifica bien a qué se refiere al desarrollar los diferentes tipos de cortes que se podrían hacer en un toro, comenta en su clase 8 que el toro es una superficie y que hay dos maneras de tratarlas, ya sea por agujereado o por corte. Tenemos como resultado en el corte por agujereado que no cambia la ligazón de las dos caras del toro con el interior-exterior, y el retorno por corte disocia esa ligazón. Habría una conexión entre la intervención del analista y estos retornos del toro, pensando en su frase de la clase 3 en la que esboza “el analista, lo que dice es corte”. Este es un campo poco explotado por los psicoanalistas y Lacan dejó las puertas abiertas para poder pensarlo. Anteriormente en el seminario 9 el localiza al corte unido al significante. En la clase 20 del seminario 9 él se pregunta si el significante no funciona como un corte en una superficie. Un significante que se presenta como discontinuo, una irrupción. Además puntualiza que la función del corte nos interesaría en lo que puede ser escrito, y para esto utilizamos la topología. Y acá señala algo que es fundamental: la repetición de siempre lo mismo es del orden de lo real, lo que vuelve siempre al mismo lugar, y el significante introduce una diferencia, en cada repetición, al repetir lo mismo se inscribe como diferente, y en la página 308 dice: el significante es corte. A donde va dirigida mi investigación, es hacia la posibilidad de pensar un corte de sesión desde el toro, y las posibles intervenciones que se podrían hacer en cada caso.

Entonces, continuando, en su seminario 9 quiso localizar la demanda, separada del objeto del deseo y del deseo inconsciente que estaría más relacionado con el objeto causa del deseo. Esta cuestión es conflictiva en la teoría ya que el objeto a esta por comenzar a definirse en estos años. Lacan dice en un primer momento hay Privación Real, el ser viviente es un -1, eso sería el cacho de carne. Lo importante de esta instancia, es que en el toro, se la puede representar como la primera vuelta que no es contada por el sujeto, es la privación de la cosa, de la que él no sabe nada. Para poder pasar a la segunda dimensión llamada frustración imaginaria, tiene que aparecer el 1, el rasgo unario el cual otorga toda su realidad al Ideal, y ésta se va a introducir con el Otro: esto es lo que representa, según Lacan, la estructura objetiva del Toro.

“Llamamos estructura de Toro a esta segunda dimensión (frustración) en tanto constituye entre todos los otros la existencia de lazos irreductibles a un punto, lazos no evanescentes”[4]

Lo fundamental de esta segunda etapa, es la importancia que tiene el Otro para este -1, y no es simplemente un Otro, es Otro que desea, es el deseo del Otro que viene a aportar, según dice Lacan, desde lo real, un Rasgo Unario. Y este concepto es lo que quiere sacar a relucir al nombrar la extimidad. En donde un sujeto constituye su deseo, sin olvidar que lo hace a partir en un inicio, del deseo del Otro. Entonces algo tan íntimo es externo. Es este seminario del año 1962 en donde lo recuerda que ya en el año 1953 en su informe de Roma él ya lo había anticipado:

“La propiedad del anillo en tanto simboliza la función del sujeto en sus relaciones al Otro, se sostiene en que el espacio de su interior y el espacio de su exterior son los mismos. El sujeto construye a partir de ahí su espacio exterior sobre el modelo de irreductibilidad de su espacio interior”[5].Los efectos de la frustración van a dar un Otro sin poder, un Otro que no puede responder a la demanda del sujeto. Y por otra parte el objeto del deseo se constituye en la relación al Otro y se origina en el valor del rasgo unario.

En el Toro, Lacan localiza el objeto del deseo en el círculo vacío, el cual él se encarga de hacer notar la diferencia entre deseo y objeto del deseo (el pequeño objeto de la metonimia o también lo denomina deseo metonímico): “No dije que sea el deseo lo que está simbolizado por estos círculos, sino el objeto como tal que se opone al deseo”[6]

El concepto que da del deseo, está pigmentado por un tinte real, me refiero a que el deseo sería algo que no se puede decir, nombrar, etc. En un momento de la clase 14 dice que el deseo se define como la intersección de lo que en las dos demandas no se puede decir. Alude a la demanda del Otro, que demanda no saber, y la demanda del sujeto, quien demanda saber. Este deseo es lo que está oculto al Otro por estructura, es lo imposible al Otro lo que deviene justamente el deseo del Sujeto. En la clase 16, localiza al deseo y a la angustia en el vacío del centro.

 

Más adelante en la clase 19 intenta definir al deseo, e instituye que el objetivo del psicoanálisis es situar el sujeto del deseo. Este deseo dice, se instaura en la trasgresión. A partir de un deseo original, se establece el nudo de la ley como límite y el deseo en su forma.

En donde el yo moi y el fantasma son el soporte del deseo. Este deseo que como ya en el año 1953 dijo, nace del juego de poder hacer aparecer y desaparecer un objeto. “El deseo inconsciente […], se encuentra en la repetición de la demanda […], es él que la motiva[7]”. Hay entonces, un atravesamiento de conceptos, la demanda, la repetición, el deseo, el objeto del deseo. Gracias al toro podemos pensarlo en un caso clínico. Dice Lacan: “El movimiento de la bobina de la repetición de la demanda se anilla en alguna parte incluso virtualmente definiendo otro bucle que resulta de esta repetición misma, ¿y qué dibuja? El objeto del deseo”[8]. Y estos objetos son los ya conocidos como objeto oral, anal etc. Por esto representé en el Toro en donde como dice en la clase 22: en la segunda vuelta aparece la demanda. La vuelta que está en rosado, es la primera vuelta que no es contada y el sujeto ni sabe de ella, no la cuenta. En la segunda vuelta aparece el rasgo unario, el 1, el Otro aportando este rasgo. Bueno, yo he colocado como ejemplo el primer objeto como el objeto madre, siendo este objeto no necesariamente “la madre”, otra persona podría ocupar el lugar de este objeto. En el caso de que sea la madre, este objeto se vuelve objeto del deseo a partir de lo que se produce en la repetición: “es por el hecho de ser tomado en el movimiento de la demanda, en el automatismo de repetición, que deviene objeto de deseo […] es justamente en ese momento que el seno deviene, no objeto de alimento, sino objeto erótico, mostrando una vez más que la función del significante excluye que el objeto devenga reconocible como significante de una demanda latente que toma valor de un deseo que es de otro registro”[9]. Este objeto del deseo es metonímico, y uno lo puede cambiar constantemente, este es el ejemplo que he reconstruido en el toro, el objeto del deseo se mueve en relación al objeto a (que Lacan estaba inventando como concepto en aquella época), de la madre, un sujeto pasa a buscar sustitutos como la teta, el chupete, chuparse el dedo, y de adulto puede ser un cigarrillo, el alcohol, etc. Ahora bien pensándolo al sujeto desde su estructura, neurótica, resulta más interesante para el analista poder presentar un caso y plasmarlo en esta topología. Y en estos casos es donde extraemos mayor beneficio. En este sentido se me ocurrió por ejemplo como se vería una histeria:

Entonces en lo que sería el vacío del neumático encontramos la forma dialéctica en la que se mueve el decir del sujeto. Esto es muy notorio en el consultorio, escuchar cómo se generan contradicciones con lo que el analizante dice que quiere, lo que demanda y finalmente lo que actúa, y ni hablar de su deseo inconsciente.

He puesto en el centro el típico deseo de la histeria para una mujer, el deseo sobre la pregunta ¿qué es ser una mujer?, bien, sabemos que la histérica empeña toda su vida en buscar que su “novio-pareja” desee a otra mujer, por esto ellas son grandes investigadoras para poder encontrar alguna Otra. Ahora, cuando el circuito de la Otra cae entran en un problema, no hay más que recordar a Dora cuando el Sr. K dice no amar a su mujer, la reacción que generó en ella, y en el acto una terrible indignación. Este es un simple ejemplo para poder abrir el panorama de cómo el toro puede comenzar a ser utilizado para poder presentar momentos, fragmentos de casos clínicos y preguntarse además dónde se podría localizar el goce, o mejor dicho, los goces.

Progreso

El progreso tiene una doble vertiente, en Función y campo dice que el analista “…sigue siendo ante todo el dueño de la verdad de la que ese discurso es el progreso. Él es, ante todo, el que puntúa, como hemos dicho, su dialéctica”. […] La suspensión de la sesión no puede dejar de ser experimentada por el sujeto como una puntuación en su progreso. […] “la puntuación una vez colocada fija el sentido.[10]” Para poder pensar las posibles intervenciones de un analista, el toro nos brinda este tipo de forma de plasmar el sujeto, en donde no sólo nos permite ver la dialéctica de la demanda y el objeto del deseo, sino también representar la repetición, y cómo uno pasa siempre por los mismos circuitos. Esta inercia por siempre lo mismo, debe verse interrumpido por el análisis, y apuntar a aquella vuelta no contada. A esto se refería Lacan, en el seminario 9 en la clase 12, al hablar del rasgo unario al cual definió como la unicidad como tal del rodeo en la repetición. La función de la repetición en el inconsciente es lo que es buscado por el sujeto, su unicidad significante, uno de los rodeos de la repetición ha marcado al sujeto poniéndolo a repetir lo que no podría más que repetir. Su propósito es hacer resurgir lo unario primitivo de una de sus vueltas, aquella no contada. Por esto el hecho de la repetición está enraizado en este unario original.

Por el otro lado, el progreso viene a representar la falla existencial de la ciencia, en el seminario 24 remarca en la clase 2 que del toro resulta que ningún resultado de la ciencia es un progreso, la ciencia gira en redondo, como así lo hace el psicoanálisis. La estructura del hombre es tórica, y éste también gira en redondo. En este mismo seminario, en la clase 5, el toro se caracteriza por ser un agujero, ahora este agujero es difícil de definir. Y toma un lugar central, “todo lo que concierne al nudo borromeo no se articula más que por ser tórico”[11]. Por todo esto y mucho más, el toro es un campo de investigación propicio para producir algo de lo nuevo dentro del psicoanálisis.

 

[1] “Y para encaminarnos desde el polo del vocablo [mot] hacia el polo de la palabra [parole], definiré al primero como el punto de concurrencia del material más vacío de sentido en el significante con el efecto más real de lo simbólico, lugar que sostiene el santo y seña [mot de passe], bajo la doble faz del sinsentido al que al costumbre lo reduce, y de la tregua que aporta a la enemistad radical del hombre con su semejante. Punto cero, sin duda, del orden de las cosas, dado que ninguna cosa aparece aún allí, pero que ya contiene todo lo que el hombre puede esperar de su virtud, puesto que quien tiene el vocablo [mot] evita la muerte [mort].”[1]. Lacan J. Otros escritos. “Discurso de Roma”. Buenos Aires, Paidós. 2014. Pag. 165.

[2] Psicoalgo: término que alude a lo inefable de la posición del psicoanalista.

[3] Jacques Lacan. Escritos 1. “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”. Buenos Aires. Siglo veintiuno editores. 2011. Pág. 305.

[4]  Jacques Lacan. Seminario 9 – La identificación. “Clase 13”. Versión inédita. Traducida por Ricardo E. Rodríguez Ponte. Buenos Aires. Pág. 173.

[5] Jacques Lacan. Seminario 9 – La identificación. “Clase 13”. Versión inédita. Traducida por Ricardo E. Rodríguez Ponte. Buenos Aires. Pág. 176.

[6] Jacques Lacan. Seminario 9 – La identificación. “Clase 13”. Versión inédita. Traducida por Ricardo E. Rodríguez Ponte. Buenos Aires. Pág. 162.

[7] Jacques Lacan. Seminario 9 – La identificación. “Clase 13”. Versión inédita. Traducida por Ricardo E. Rodríguez Ponte. Buenos Aires. Pág. 278.

[8] Jacques Lacan. Seminario 9 – La identificación. “Clase 13”. Versión inédita. Traducida por Ricardo E. Rodríguez Ponte. Buenos Aires. Pág. 279.

[9] Jacques Lacan. Seminario 9 – La identificación. “Clase 13”. Versión inédita. Traducida por Ricardo E. Rodríguez Ponte. Buenos Aires. Pág. 279

[10] Jacques Lacan. Escritos 1. “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”. Buenos Aires. Siglo veintiuno editores. 2011. Pág. 301.

[11]  Jacques Lacan. Seminario 24. “Clase 5”. Versión inédita. Traducida por Ricardo E. Rodríguez Ponte. Buenos Aires. Pág. 27.

¿Conocías la figura topológica del TORO?

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