El ganso Luis es un cuento basado en hechos reales.
Este cuento es una ficción, basada en hechos reales. En el año 2021, me fui a vivir al sur de Argentina, a un country que tenía gansos. Un propietario del barrio había llevado los gansos sin preguntar, trayendo consecuencias terribles para todos. Muchos vecinos los maltrataban, los mataban. Los gansos al no ser de aquella zona, afectaban además la biodiversidad. Todo resultaba muy extraño. Incluso salió en los diarios de la provincia, el hecho de que quisieron llevarse los gansos en una trafic para terminar con ellos. El presente cuento espera poner en reflexión y cuestionar un poco, lo que nos pasa alrededor.
Autor: Andrea Moro
Ser ganso es espectacular, estoy siempre paseando de aquí para allá con mi familia y mis amigos. Vivimos tan contentos que no puedo terminar de explicar con palabras lo divertido que es vivir en nuestro Lago. Nací en África, más específicamente en Egipto, en un Lago llamado Bardawi, el agua es bien cristalina, podemos ver desde arriba los peces nadar. Cada día nuevo es una nueva aventura, desde afuera pueden pensar que hacemos siempre lo mismo porque recorremos quizás la misma laguna todos los días, pero aparecen siempre cosas nuevas en nuestro camino. Los días nos acompañan a veces con sol, en los que disfrutamos de sobre manera sentarnos en una punta del lago a tomar el último pedazo de sol, depende la temporada en la que nos encontremos, pero suele ser generalmente entre las 18 y las 19 horas, los últimos destellos del atardecer, cuando cerramos nuestros ojos, levantamos el pico como apuntando al sol y descansamos la mente. Los días de lluvia son de mis favoritos, jugamos con barro por horas, para finalmente bañarnos con las gotas frescas del cielo. Por último tenemos los días con viento, los grandes no nos dejan jugar mucho esos días porque tienen miedo de que el viento nos lleve volando a tierra desconocida, pero con mis amigos nos escapamos y jugamos cuando los grandes duermen su siesta, jamás el vientos nos hizo volar fuera de nuestro control… los gansos grandes son un poco sobreprotectores para nuestro gusto, pero sabemos que sólo nos quieren cuidar, sin entrar en una negociación, nosotros resolvemos escaparnos, pero con responsabilidad, ¡lo juro!
Esta fue mi vida durante mis primeros dos años de vida, hasta que un día todo cambió. Encontramos alrededor de un árbol una gran cantidad de comida sabrosa, una que jamás habíamos probado, era sospechoso ya que nunca solíamos comer comida de colores. Bailamos un largo rato con Julito y Enrique, hasta que empezamos a desvanecernos. Parecía que esa comida tan fantástica tenía algo especial que nos hizo dormir. Nos levantamos con mucho dolor de cabeza, en un gran barco, de nombre “Tritranic”, estábamos en una gran jaula, mi familia y mis amigos. No entendíamos qué pasaba. Luego de varias horas, cuando se despiertan todos, logro encontrar a Julito, él me cuenta que escuchó hablar a unos humanos, éstos nos habían encerrado y llevado al barco para dejarnos en un territorio llamado “contry”, no supo decirme bien Julito si se llamaba “contry”, “cuntry”, “cantrchi”, porque cada humano lo denominaba de forma diferente. Lo más extraño es que nosotros nos dirigíamos allí por cuestiones “ornamentales”. No supimos qué significaba esa palabra por varios días, hasta que finalmente escucho un señor de bigotes rojizos decir: “estos pájaros de mierda no paran de cagar, no entiendo por qué dicen que son estéticos, en el country los van a rajar”. Qué extraño todo lo que nos pasaba. Le fui a preguntar a mi madre ¿por qué nosotros éramos estéticos? ¿qué quería decir eso? Pero ella sólo supo decirme que los intereses de los humanos siempre son egoístas, y ahí entré otra vez en la duda de qué nos estaba pasando y por qué los humanos querían que nos cambiemos de territorio. Mi madre no me daba explicaciones, tiraba esas frases y me mandaba de regreso a mis tareas, no sé por qué ella pensaba que los humanos “son egoístas”, si ellos consideraban que nosotros éramos tan lindos que quisieron llevarnos en un viaje muy largo, atravesar días y días por un inmenso océano, con tormenta y viento.
La confusión reinó durante ese tiempo en el que con mi manada debimos mantener la calma y dejarnos llevar por aquellas personas que en algún sentido fueron amables con nosotros, ya que nos alimentaban con comida riquísima y nos prometían un futuro en algún lugar nuevo.
Los días pasaron, y finalmente llegamos. Al principio nos metieron en un transporte inmenso que llaman “camión”, para después dejarnos en los que ellos llaman “cuntry”, nuestro cuntry específicamente se llamaba “La Clotilde”. Bueno, debo decir que el lugar estaba muy bien, las hierbas del piso sabían deliciosas, teníamos una laguna principal que era muy pequeña para lo que estábamos acostumbrados, pero con nuestros amigos decidimos ver el lado positivo, el cual era que estábamos todos juntos.
Luego de varios meses, pudimos encontrar un recorrido del cuntry amigable para nosotros. Conocer las nuevas fechas de las estaciones, con las nuevas características de la zona. Tuvimos muchos conflictos con algunos humanos que vivían allí, ya que nuestros padres se ponían muy violentos en la época anidación, me refiero a cuando aparecían los huevos. Esto se le sumó a que se peleaban con todos los pájaros del territorio. Con el tiempo los líderes de nuestra manada echaron a todas las aves. Se tuvieron que ir los tarros blancos, las gallinetas, las urracas, los gorriones y los estorninos pinto. El miedo de que sean un peligro para los huevos hacía que se arme un gran alboroto. Por otra parte, los humanos eran realmente extraños, algunos nos amaban, nos daban comidas deliciosas, algunos hasta nos daban alcohol. Había una señora que se llamaba Marta, que vivía frente a la Laguna principal, ella nos malcriaba a trochi mochi, todas las tardes la íbamos a visitar para que nos convide sus palomitas, aunque con el tiempo esa comida nos hacía doler la panza y a veces tirarnos unos cuantos gases con olores que no estábamos acostumbrados a sentir. Ahora bien, el papá de Ulises, nos empezó a perseguir con una escoba, porque decía que rompíamos la estética de su jardín, no le gustaba que manchemos el piso de su galería, aunque Ulises tenía 6 años y le encantaba jugar con nosotros, el papá nos odiaba.
Lamentablemente, un día mientras pasábamos por su vereda, un poco que corriendo porque el asfalto nos quemaba la pata, el humano entró a toda marcha en su garaje y chocó a Julito. Ese día fue un día gris, en el que dejé ya de entender cómo nosotros si éramos estéticos, destruíamos la estética del papá de Milo. ¿Para qué nos llevaron si al fin de cuentas no somos estéticos? El día que perdí a Julito empecé a juntar mucha ira en mi corazón, no puedo negarlo, por varios meses no pude ir a visitar a Ulises y volver a pasar por donde mi amigo había sido asesinado. Lo peor de todo fue que el papá de Ulises salió contento de su auto al haberlo chocado a Julito, recuerdo perfectamente sus palabras: “yo voy a la velocidad mínima, si el ganso no se corre, no es mi culpa”, la velocidad mínima para él, es una velocidad máxima para nosotros, no tenemos forma de escaparnos y menos de entrar en su lógica. Ese día supe que nada volvería a ser como antes.
Decidí ir una vez más con mi madre, le pregunté: ¿Por qué nos estaba pasando esto, por qué no nos íbamos del cuntry a un lugar sin humanos? Ella me miro con tranquilidad, suspiró, y me dijo que los humanos no eran el problema, que la vida estaba llena de peligros, y que lo importante era mantenernos unidos e intentar cuidarnos entre nosotros. Yo salí enojadísimo de aquella charla, así que seguí buscando respuestas, me acerqué a mi padre, con quien pocas veces me animé a hablar. Luego de varios rodeos, le pregunto a él, qué pensaba de lo que estaba pasando, qué sentido tenía que nosotros sigamos allí… Luego de unos segundos, decidió responder lo siguiente: “Deberás buscar tus propias respuestas a tus preguntas”, ¡qué odio me da mi padre! Éste es el motivo por el que nunca le pregunto nada, siempre me responde cosas que no entiendo, y la mayoría de las veces me responde con otra pregunta, así que seguí mi camino nomas… Pensé en hablar con mi amigo Enrique, pero estábamos tan sensible con la muerte de Julito que preferí permanecer en silencio con todas mis preguntas.
Al pasar los meses, las preguntas seguían sumándose, pero decidí ocupar mi tiempo con otras cosas para no seguir martirizándome, con el comienzo del verano me enamoré de Susi, la hija de Eduardo, y todas aquellas preguntas desaparecieron de mi cabeza, lo único que pensaba era en su pelaje blanco, en su pico rojizo, en sus ojos acaramelados. Toda mi vida tomó color y ya no me importaba todo lo que había sufrido los meses anteriores. Logré además volver a jugar con Ulises, que ahora me buscaba por un escondite en donde su papá no nos podía encontrar. Debo decir, que algunos hechos de injusticia siguieron pasando, algunos vecinos seguían asesinando a gansos de mi manada, pero yo no podía hacer nada más que intentar no acercarme mucho a los autos, aunque por más de que ellos aparecieran, la rapidez con la que se asomaban, no nos daba tiempo a darnos cuenta de que estábamos en peligro. Pero bueno, el amor me permitía vivir como un bobo feliz, y yo me aproveché un poco de la situación, la verdad es que no quería deprimirme con la realidad que estábamos viviendo.
La vida decide darme más razones para vivir feliz, una mañana, Susi me llama, me dice que tiene una sorpresa, decido acercarme y prestarle atención, sin más me muestra con sus ojos llenos de lágrimas un nido con unos 5 huevos. ¡No lo podía creer! Fue como una trompada que me dio vuelta el mundo, eso significaba que todo iba a cambiar, que yo no era más un joven ganso, sino un posible líder de mi manada, un futuro padre, y todo un porvenir en el que debía aprender a ser más fuerte para cuidar a mis hijos y a mi manada. En el momento me puse muy feliz, bailamos toda la tarde con Susi, mis amigos y mi familia. Pero al llegar la noche, decido alejarme un poco de ellos… Caminé hacia el lugar secreto que tenía con Ulises, y miro las estrellas… era difícil para mí poder ver las estrellas en aquel territorio que no me pertenecía, las luces del cuntry eran tan fuertes que no podía verlas bien, eso me hizo recordar lo mágico que eran para mí las estrellas en mi amado lago Bardawi, entendí que no quería estar en donde estaba, que mi lugar quedaba a miles de kilómetros, y que no podía más que pensar de qué forma iba a lograr enfrentar la situación en la que me encontraba. No puedo seguir negándome a la reflexión y empiezo a revisar que en principio, debía ganar fortaleza en mi cuerpo y por otra parte aprender lo necesario para mantener a salvo a mi manada. En ese momento recuerdo una frase de Julito, de alguna de las tantas tardes en la que nos escapábamos… él supo decirme: “Luisito, nosotros somos gansos, y la ley primera es cuidarnos”, pero ya no podía escaparme, en este momento debía cuidar a mis hijos que estaban por nacer.
Los primeros días me despertaba por las noches, la ansiedad y los miedos me volvían loco. Soñaba con todas las pesadillas más espantosas. Esperé buscar el momento adecuado para hablar con mi madre sobre lo que me pasaba, ella supo decirme en un rapto de ingenio: “Luisito, pasará lo que tenga que pasar” Es evidente que mi madre no tenía mucha capacidad para tranquilizarme. Decidí por un tiempo dejar de preguntar a los demás consejos porque ya no habían esperanzas en que alguien pueda tranquilizarme. Decidí acercarme más a los humanos para entender un poco cuál era la lógica de su odio hacia nosotros. No fue sencillo encontrar las razones por las que no nos soportaban. Hicieron faltas días enteros de trabajo de espionaje para lograr entender que nosotros fuimos metidos en un barrio para simular una supuesta belleza en su paisaje. Sí, es increíble, a nosotros nos sacaron de nuestro paraíso para traernos a esta ficción asquerosa de clase alta del sur de un país llamado Argentina. Todos los datos que yo iba recabando no hacían más que inflar mi enojo hacia las personas que nos habían decidido llevar a ese lugar. Sumado a toda esta película de terror, nos estaban acusando de dañar el agua de su laguna, nosotros éramos los responsables de una eutrofización de las aguas debido a nuestros excrementos. Pero ese realmente no era el problema, ellos lo que odiaban realmente de nosotros, era que dejábamos sus jardines “sucios”, esas palabras escuché de un vecino llamado Juan.
En ese momento comprendí que no teníamos que permanecer allí, que los intereses de las personas eran tan egoístas como mi madre supo decirme en un principio. Algo debía hacer, pero no sabía muy bien si habría algún lugar realmente en donde no molestáramos a los humanos.
Cinco semanas pasaron en las que pude ocuparme de enseñar a los gansos de mi edad a ser más feroces, a defender a sus huevos y no permitir que nadie se acerque a ellos. Una tarde de marzo, para mi pesar, lo recuerdo en cada detalle, disfrutábamos de un paseo corto por la laguna principal, cuando a lo lejos pude ver, acercarse una gran cantidad de niños a nosotros, Enrique como un loco empieza a apuntar con su pico y a aletear, se puso en posición de atacar a los niños, sin pensarlo comenzó a perseguir a los chicos. No pudo contenerse y terminó picoteando a David, uno de los niños más pequeños del barrio, lo hizo llorar. La verdad, le dio un susto, nada más. Su ridícula niñera corrió a la mansión a ponerle una curita de Spiderman, y todo terminó con un gran regalo que le compró el padre de David, un autito eléctrico amarillo con el que nos persiguió gozosamente aquel día buscando revancha. Entre la manada pudimos comprender que David todavía no era responsable de todo lo que sucedía, decidimos volver a nuestro sector ya que se avecinaba la noche. El día había sido realmente agotador, veía un poco borroso a lo lejos, al estar llegando, veo una sombra cerca del nido donde estaban nuestros huevos con nuestros hijos, era el padre de Ulises, no sé cómo decirlo… Él… se había enterado lo sucedido con David, y fue directamente a pisotear nuestros nidos. Corrí como un enfermo, grazné como jamás lo había hecho, todos corrían, todos nos pusimos en posición de ataque. El papá de Ulises mató a todos nuestros hijos. Los pisoteó riéndose, además, nos pateó a nosotros y nos lastimó. A Enrique le lastimó un ala y a mí me dejó inconsciente en el piso. Todo lo que yo temía que pase, había sucedido. No tuve la fortaleza para enfrentar las peores injusticias, fui débil, no lo logré. Mi mundo había colapsado. Mi único amigo humano, Ulises, era hijo de mi pesadilla más terrible. Terminó con mis hijos y yo entendí que la vida de un ganso no era lo que pensaba, que viví intentando no ver la realidad de lo que nos estaba pasando porque era más fácil desviar mi atención en un montón de otras cosas. Fueron necesarios muchos meses para poder atemperar el vacío indescriptible que me enloqueció atrozmente.
Supe cultivar luego de aquella situación, el espacio para reflexionar sobre lo que estaba pasando. Esta vez, mi mamá y mi papá se acercaron para acompañarme, yo no les pregunté más nada, y ellos no buscaron aconsejarme. Mis compañeros estaban la gran mayoría en mí misma situación, habían atacado a todos los nidos, en diferentes oportunidades. Según los grandes pensadores humanos, nosotros estábamos destruyendo el ecosistema, nosotros éramos agresivos, nosotros rompíamos la tranquilidad del “barrio”.
Una mañana muy fresca del invierno, apareció una trafic blanca, con varios humanos con redes, nos empezaron a perseguir, nos atraparon. Una parte de los vecinos habían decidido que teníamos que irnos del cuntry, entonces nos iban a llevar, supuestamente a un lugar especial para gansos, pero lo cierto es que nos esperaba la muerte. Ese día, mientras luchábamos con las redes, para escaparnos, aparece Marta hecha una yarará, ¡qué mujer! Marta vino con los ruleros puestos, ¡no le importó nada! Apareció a los gritos, echó a los humanos de la trafic, y empezó una lucha política por defendernos. Después de aquel incidente, la manada siempre terminaba su recorrido en su jardín, allí la escuchábamos pelear a los gritos con lo que ella llamaba “la administración”, o también la famosa “junta de vecinos”. Claro, yo había intentado fortalecerme durante mucho tiempo, pero no supe ver que jamás podría pelear contra un humano, aunque estemos todos unidos, no somos lo suficientemente fuertes para hacerle frente. En ese momento, recordé que otro humano, llamado Julián siempre nos curaba cuando nos lastimábamos. Por más de que me costara decirlo, Marta, Julián y Ulises eran parte de la manada.
Lo que más me llamaba la atención, era la actitud de Marta. Ella nos daba de comer, nosotros, aunque no queríamos, llenábamos de excremento su jardín, cada tanto se nos escapaba un picotazo a Santi su nieto, pero ella nos seguía queriendo. Se la pasó semanas luchando contra el barrio entero, hasta que logró poner una multa por medio de las expensas, a cada vecino que nos dañe con su auto. Nosotros ya entendíamos cosas administrativas de los famosos cuntrys, porque pasábamos horas escuchándola gritar por teléfono. Pasaron muchos años, y con Susi pudimos tener hijos gracias a poner nuestro nido en el jardín de Marta. Mis hijos hoy en día son “gansos de cuntry”, yo estoy hecho un viejito, esperando que me llegue mi hora para poder descansar. Cada tanto vienen y me preguntan de dónde somos… Cómo era Egipto, cuántos días tardamos en llegar a Argentina, y lo que más les gusta escuchar, es el cuento de cuando Marta apareció con sus ruleros como ninja mala a defendernos. Lo que nunca pude responderle a mis hijos, es por qué Marta nos cuida como si fuera un ganso más de la manada, entonces opto por recordar la respuesta de mi padre y decirles: “ustedes deberán buscar sus propias respuestas a sus preguntas”
¿Qué sentiste con este cuento?
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