EL CUADRO ROJO

El cuadro rojo es un cuento que trata sobre la superstición y las obsesiones.

Autor: Andrea Moro

Riquelme José González Plata, vivió toda su infancia en Villa Crespo, en Canning al 500, una casa azul pastel frente a un inmenso Ginkgo Biloba. Compartió toda su infancia con su amigo Felipe, los unía un lazo de hermandad profunda. Fueron compañeros durante todo el recorrido escolar, desde sala de 4 años hasta el final de la secundaria. ¡Compartían todo! Cuenta la leyenda que Felipe inclusive llegó a ser amamantado por Marta, la mamá de Riquelme. -“Quizás compartir tanto pueda ser un problema”- Deslizó Tito el almacenero de la esquina. Riquelme es el típico chabón al que todos quieren, pero que nadie supo decirle que su novia andaba con su mejor amigo. El tema de compartir se le fue un poco de las manos.

Bajo el primer albor de un día de octubre, Riquelme pasaba por la casa de Felipe, y encuentra la puerta mal cerrada… De un susto entró a las corridas pensando que habría sucedido algún asalto. El tiempo se estampó en un terrible grito, ya que en aquel preciso instante los encuentra a los dos en pleno acto sexual, enredados intensamente Felipe y Josefa. No hay mucho más que decir, Riquelme se tuvo que mudar del barrio porque no podía soportar volver a ver a Felipe, y aquella relación amorosa se rompió estrepitosamente.

Luego de varias semanas, Riquelme consigue una pequeña casa acogedora. Jorgito, otro amigo del barrio, le llevó de regalo un cuadro rojo para su pared. Riquelme pensó que tenía que comprar algo más para que ese cuadro rojo combine con el ambiente. Ese mismo domingo salió para la feria de usados, el famoso Mercado de Las Pulgas de Dorrego. ¡Qué calor hacía! Nada de eso importaba, Riquelme estaba curtido y podía soportar grandes temperaturas. Cuestión que… entra en un local en donde ve una gran promoción: “vendo todo por 200 australes”, así que abre su billetera para ver cuánto tenía, y… allí estaban, justito: 200 australes. Riquelme considera que esto era una señal del destino, y que no le quedaba otra que comprar aquella bendita promoción.

A la semana, le mandan la encomienda con todo. Allí habían sillas, mesas, un sillón, ¡hasta cortinas! Una vez abiertos todos los paquetes, se da cuenta, exactamente, ¡todas las cosas que compró eran de color rojo! Sorprendido Riquelme, no sabía qué hacer, -“¡otra vez!”- piensa, ¡esto es una señal del destino! ¿Y ahora qué hacer? -“Bueno, debería cambiarme de equipo de futbol, tengo que ser del rojo”- pensó-. Así que se dirigió a la cancha de Independiente, pidió para hacerse socio y comienza una nueva relación con el futbol marcada por un extremo fanatismo.

La vida de Riquelme a partir de aquel cuadro rojo empezó a mejorar, su antigua depresión por haber sido engañado por Josefa y Felipe, empezaba a desaparecer. Él consideraba que el destino marcaba sus pasos. Iba a una carrera de caballos, elegía el que tenía algún detalle rojo y ganaba. Incluso empezó a vestirse absolutamente con todas las prendas de su vestimenta de color rojo. Consiguió un trabajo excelente en el Banco Galicia. No era realmente el trabajo que él quería tener, pero un amigo le ofrece un buen puesto, con un excelente sueldo y, como el color del banco era rojo, no pudo decir que no.

Los años pasaron y Riquelme parecía tener una vida de ensueños, se lo veía feliz, tenía un buen estándar de vida. Podía salir con sus amigos a grandes restaurantes, algunas chicas se enamoraban de él, pero él no podía decidir con cual quedarse, ninguna usaba el color rojo y eso lo inquietaba, por lo que decidía por el momento estar con todas de manera flexible sin tener que jugarse la vida en una decisión. Esa es la palabra, “decisión”, Riquelme vivió al margen de esa situación, todo iba a estar bien mientras su gran secreto estuviera presente, su especial color.

Fueron varios años dorados, hasta que un 24 de diciembre de 1986, tocan la puerta de su casa. Allí estaba un arsenal de policías apuntándolo con ametralladoras. El Oficial Mayor le dice: “Señor, hemos recibido información confidencial, de que el cuadro de Mark Rothko se encuentra en su domicilio”, levanta su mano y le muestra una foto del cuadro rojo, la cual era idéntica al cuadro que le había regalado Jorgito. Si fuera posible por las leyes de la física, diría que los ojos de Riquelme se derritieron del susto que se pegó. Riquelme no tuvo otra opción que dirigirse al que sería su ultimo hogar, la Cárcel de Devoto. El cuadro rojo, fue robado una y otra vez, no se sabe actualmente su paradero, y tampoco sabemos si da suerte o si en realidad, es yeta.

 

 

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