BORGES Y EL PSICOANALISIS

ENSEÑANZAS
DEL ARTE AL
PSICOANALISIS

Literatura
de la mano de
Jorge Luis Borges

Autor: Andrea Moro

La literatura siempre ha acompañado el recorrido de Lacan para poder plasmar sus ideas, él se ha tomado de grandes escritores. En el único homenaje que realiza Lacan, el cual está dirigido a Marguerite Duras, él dice:

El artista siempre le lleva la delantera (al psicoanalista), y no tiene por qué hacer de psicólogo donde el artista le desbroza el camino.

Reconozco esto en el rapto de Lol V. Stein, en el que Marguerite Duras evidencia saber sin mí lo que yo enseño.

Que la práctica de la letra converja con el uso del inconsciente, es lo único de lo que quiero dar fé al rendirle homenaje.”[1]

En este texto, Lacan comenta que Marguerite logra recuperar el “objeto a” con su arte[2]. En el sentido de la sublimación. Esta sublimación que sólo la nombra al pasar, en su seminario 16, la divide en dos vertientes, una que tiene que ver con el amor cortés en donde permite plantear que la sublimación concierne a la mujer en la relación amorosa a costa de constituirla en el nivel de la Cosa .En la institución del amor cortés la mujer no ama, por lo menos en principio, porque no se sabe nada al respecto, la mujer y el hombre no llegan a un encuentro amoroso, el hombre busca su atención a través de la poesía, pero ella nunca concluye en un encuentro amoroso, sexual, es un eterno rodeo. “Es un homenaje que rinde la poesía a su principio, a saber, el deseo sexual[3]. Y la segunda vertiente, la sublimación con lo que se llama la obra de arte. Esto introduciría una relación entre goce y sublimación: un nivel pulsional que alcanza la pulsión. Margarite Duras con su escritura, logra mostrar que No hay Relación Sexual, ella muestra todo el tiempo el agujero que hay en el amor, por esto concluye en que la sublimación del arte, radica en haber podido hacer del objeto a (del goce, en el seminario 16 lo equivale topológicamente goce = a, capítulo “Clínica de la Perversión”) un significante (un libro). Se podría llegar a la hipótesis de que Lacan agrega a la lista de Barthes, aquel que llama textos legibles y escribibles, Lacan sumaría, textos sublimables.

Por otra parte, Miller en el seminario de Barcelona llamado “Die Wege der Symptombildung” refiere a que Frued en la conferencia XXII comentando los caminos que puede tomar la libido, uno de los caminos sería la sintomatización, y otro sería la obra de arte, cito a  Miller: “Un camino posible es la llegada al síntoma, otro camino posible es llegar a la obra de arte. La investigación clínica de la formación del síntoma desemboca en una consideración sobre el arte. De forma resumida: la libido se puede sublimar o sintomarizar”[4]. Es un camino de investigación al cual el psicoanálisis puede apostar y aprender del arte, una forma de trabajar con lo real, lo que atrae tantos problemas en materia de teorización y en la misma práctica.

Sin lugar a dudas tenemos el orgullo como argentinos de decir que Lacan cita a Borges, sobre su ensayo “El idioma analítico de John Wilkins” (1952), lo cita en dos ocasiones. La primera es en “El seminario sobre la carta robada” (1956-1966) y la segunda, en el seminario 16 (1968-1969) en el capítulo XXI.

La carta robada, que hace referencia al cuento de Edgar Allan Poe, es un texto que toca un real, si bien de lo que trata constantemente es de definir el orden de lo simbólico, en el año 1956, tiene agregados del año 1966 que hace la diferencia debido al avance de su desarrollo teórico. Está localizado como “iniciando una serie” según lo explicita en el prólogo a “Otros Escritos” Jacques Alain Miller.

El eje a trabajar presentado en la Carta robada, es lo simbólico en apariencia, va a decir en la página 24, que se desprende de Freud una verdad: el orden simbólico es constituyente para el sujeto, determinación fundamental que el sujeto recibe del recorrido de un significante.

Este simbólico, está regido por un automatismo de repetición, el que toma su principio de la insistencia de la cadena significante que tiene que ver con la Ex-sistencia, el lugar excéntrico donde debemos situar al sujeto del inconsciente. Definiendo al inconsciente como “el discurso del Otro”[5].

En este registro, el lugar a ocupar tiene un rol protagónico. La carta de Poe está desaparecida, su desplazamiento está determinado por el lugar que viene a ocupar el puro significante, Lacan dice, esto confirmaría el automatismo de repetición. Esta repetición vendría a ligarse, lo nombra al pasar con lo que en el Discurso de Roma en el año 1953, llama MOT, hace una distinción entre mot (vocablo) y parole (palabra), siendo la primera definida por él como el punto de concurrencia del material más vacío de sentido en el significante con el efecto más real de lo simbólico[6].  Localizando el punto cero, en donde radica la enemistad radical del hombre con su semejante dando directamente con la fundación de la intersubjetividad.

La repetición, es repetición simbólica dice en aquellos años. El hombre es constituido por el orden simbólico, por esta “repetición simbólica[7], aquí mismo es donde se ve lo que Freud refería al Fort-da, el niño hace aparecer y desaparecer de su vista un objeto, esta repetición es donde se ve cómo el sujeto está determinado por el orden simbólico. “Es en el momento de su conjunción esencial, y por así decirlo así en el punto cero del deseo, donde el objeto humano cae bajo el efecto de la captura, que, anulando su propiedad natural, lo somete desde ese momento a las condiciones del símbolo[8]. Este es el momento en el que el niño se constituye como sujeto deseante, determinado por el símbolo.

La carta de Poe es una linda metáfora de cómo el sujeto es poseído por “la carta”. Cómo lo personajes sufren del desplazamiento de la carta. Dando este pantallazo de lo que Lacan va desarrollando en la carta robada, llega a un punto en el que dice, acá hay un truco, nunca supimos lo que dice la carta, esto es lo que más fielmente representa al significante en cuanto a su materialidad. El significante es unidad (por ser único), “es el símbolo de una ausencia, y el significante tiene materialidad, si la pensamos a la carta finalmente como escrito puro, sin mensaje”[9].

Ahora bien, ¿Cómo puede ser que la policía no encuentre la carta? Y acá sutilmente Lacan pone en cursivas, “cómo puede ser que no esté en ningún sitio”. Aquello que no está en ningún sitio, es lo que Lacan dice que los “imbéciles” no comprenden, que lo material de la carta-letra debe ubicarse fuera del espacio imaginario. Los imbéciles (la policía y el Rey) no la encuentran. No saben leer el goce. Así como en el discurso de Roma en la página 171 Lacan dice: “Hay que dejar de creer que el pensamiento está supuesto en la palabra. La palabra se acomoda muy bien al vacío del pensamiento. La palabra, si es que hay algo que pensar de ella, es que le ha sido dada para ocultar su pensamiento”, este pensamiento que luego de los años se lo podría localizar en su teoría como el “goce”, es decir que el goce escapa a la palabra, el goce que escapa al sentido.

Y en este contexto cita a Borges:

“¿Será necesario que la carta, entre todos los objetos, haya sido dotada de la propiedad de nubiliedad, para utilizar ese término que el vocabulario bien conocido bajo el título de Roget toma de la utopía semiológica del obispo Wilkins?”[10]

Me encontré en el callejón sin salidas frente a aquella palabra, “nubiliedad”, que no tendría definición en la red inacabable de Google, no se podría localizarla sencillamente. Logré finalmente toparme con ella en la lengua inglesa: Nullibiety: “the state of being nowhere”, es decir, el estado de estar retomando a la letra lo subrayado por Lacan “en ningún sitio”. No sin olvidar de retomar al seminario 16, comenzando su capítulo XXI:

“¿Qué es la vieja nullibiedad a la que antaño había vuelto a sacar el lustre que merece por haberla inventado el obispo Wilkins, y que designa la cualidad de lo que no está en ningún parte?”[11]. La respuesta que da es: el goce, el goce es aquello que no está en ninguna parte, que escapa.

Teniendo en cuenta el contexto que lo cita a Wilkins, lugar confuso, molesto, que aún no se esclarece mucho, pero al leer el texto, uno cae en la cuenta de qué está queriendo decir Lacan.

Empieza dando un panorama simbólico, Wilkins, nacido en el año 1614, es un hombre inglés que intentó dar cuenta de la posibilidad y los principios de un lenguaje mundial. En el siglo XVII dedicó una de sus investigaciones a un Idioma Universal en donde cada palabra se define a sí misma. Así como Descartes en 1629 buscaba nombrar todas las cantidades hasta el infinito mediante un sistema decimal de numeración.

Borges va rompiendo con estos espejismos de los que el hombre goza, esa búsqueda por nombrar la totalidad, narrar el universo. ¿Cómo lo hace? Dice, “todos los idiomas del mundo son igualmente inexpresivos”, respondiendo a un ejemplo de la vida cotidiana en el que una dama dice que la palabra “luna” es más, o menos, expresiva que la palabra “moon”. “Nada es posible atribuir a tales debates”[12] dice Borges. Por esto ironiza Lacan en su próximo párrafo al decir que la palabra odd, que significa extraño o raro, no tiene una traducción exacta por Baudelaire (quien traduce los libros de Edgar Allan Poe) al elegir “bizarre”, “digamos que esas relaciones son singulares, pues son las mismas que con el lugar mantiene el significante”,[13] el mismo significante va a tener diferentes impactos de acuerdo al sujeto que lo reciba. Así como Borges dirá que es falsa la expresión “El envidiado tesoro de voces pintorescas felices y expresivas de la riquísima lengua española” (Real Academia), Lacan va a distinguir sí, una lengua que estará atravesada por el sujeto de una determinada forma tan singular, que haga resonar aquel lugar en el que el significante hace presencia-ausencia y repetición: Lalangue. Por primera vez nombrada en su texto “hablo a las paredes”, “Lalangue no tiene nada que ver con el diccionario, tiene que ver justamente con el inconsciente. El inconsciente que tiene que ver con la gramática y la repetición”[14].

Continuando con el maravilloso texto de Borges, Wilkins va a decir que en su idioma, él busca organizar y abarcar todos los pensamientos humanos. Dividió el universo en cuarenta categorías a las cuales les hizo subdivisiones. Las palabras de su idioma no son torpes símbolos arbitrarios. A lo que subraya Borges: Hay una enciclopedia, desconocida por cierto, de un Chino, en el que afirma “No hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural” y aquella afirmación tiene una razón muy simple: No sabemos qué cosa es el universo. Y por si no quedó claro agrega… Hay un tal filósofo, Hume que dice… “El mundo es tal vez el bosquejo rudimentario de algún dios infantil, que lo abandonó a medio hacer, avergonzado de su ejecución deficiente; es obra de un dios subalterno, de quien los dioses superiores se burlan; es la confusa producción de una divinidad decrépita y jubilada, que ya se ha muerto”.

Borges nos enseña el agujero radical que hay en el lenguaje. En la imposibilidad de la comunicación, consecuencia de las malas interpretaciones. Así como Poe nos enseña que La Mujer no existe ya que es la letra misma, no existe como universal ni como significante articulable, sino como pura letra, no hay saber sobre esa letra.

Prosigue Borges “cabe sospechar que no hay universo en el sentido orgánico unificador, la imposibilidad de penetrar en el esquema divino del universo no puede, sin embargo, disuadirnos de planear esquemas humanos, aunque nos conste que éstos son provisorios”[15]. Estos esquemas provisorios que giran en círculos con la ciencia una y otra vez, es de lo que el analista está advertido: no hay progreso, y la ciencia lo que busca es no tener en cuenta que hay un real que será inasimilable.

Borges nos muestra cómo el hombre goza de intentar clasificar lo real, se choca contra la pared una y otra vez. Así como Wilkins buscaba contabilizar el universo, todos los pensamientos humanos, así es como Borges rompe con esto y dice: hay una imposibilidad, y esta tiene que ver con que lo simbólico, excluye el goce. Lacan responde a aquella pregunta en el seminario 16 diciendo: “Se trata del goce”. Y es con lo que tenemos que trabajar en la experiencia analítica. “La experiencia analítica demuestra que, debido a un lazo con lo que permite la emergencia del saber, el goce está excluido[16]. Cuando tratamos con el síntoma, contamos con que el goce en tanto real está excluido y por esto hay que, según palabras legítimas de Lacan, develar, desenmascarar la relación con el goce. En el “atolondradicho” Lacan nombra nuevamente esta palabra tan llamativa que es nubiliedad: “el estereotipo de que todo hombre es mortal no se enuncia desde ninguna parte. La lógica que le pone fecha no es sino la de una filosofía que simula esa nulibiquidad, y ello para hacer de coartada a lo que denomino discurso del amo”[17] El psicoanálisis se las tiene que ver con la dificultad que hay de intervenir sobre lo real, y esto instala un constante tira y afloje entre poder lograr un discurso que no fuera del semblante y lo que Lacan llamó en su seminario 24, una estafa psicoanalítica.

Parecería que el arte, categoría en la que pueden entrar varias disciplinas, tanto como la escritura, literatura, pintura, la danza, el cine, entre otras, es lo que va a ir enseñando, adoctrinando al psicoanálisis el sendero por el cual circular. No sólo pensándolo desde la vía de la sublimación, sino que también por el estatuto de broche y anudamiento que ha permitido sostener a tantos sujetos.

Para finalizar, Borges toma una definición del lenguaje, la que considera ser de las más lúcidas, que uno podría pensar una metáfora del inconsciente… “El hombre sabe que hay en el alma tintes más desconcertantes, más innumerables y más anónimos que los colores de una selva otoñal… cree, sin embargo, que esos tintes, en todas sus fusiones y conversiones, son representables con precisión por un mecanismo arbitrario de gruñidos y chillidos. Cree que del interior de una bolsita salen realmente ruidos que significan todos los misterios de la memoria y todas las agonías del anhelo”.

 

 

 

 

Bibliografía:

Borges J. Otras inquisiciones. Obras completas. Buenos Aires. Ed Sur. 1998.

Lacan J. Seminario 16. De un Otro al otro. Buenos Aires. Paidós. 2008.

Lacan J. Seminario 18. Buenos Aires. Paidós. 2009.

Lacan J. “Escritos 1. Buenos Aires. Siglo Veintiuno Editores. 2011.

Lacan J. “Hablo a las paredes”. Buenos Aires. Paidós.2013.

Lacan J. “Intervenciones y textos 2”. Buenos Aires. Manantial. 2010.

[1] Lacan J. “Intervenciones y textos 2”. Buenos Aires. Manantial. 2010. Pág: 66.

[2] Lacan J. “Intervenciones y textos 2”. Buenos Aires. Manantial. 2010. Pág: 70.

[3] Lacan J. De un Otro al otro. “Las dos vertientes de la sublimación”. Buenos Aires. Paidós. 2008. Pag 212

 

[4]J Miller. Seminario de Barcelona “Sobre Die Wege der Symptombildung”. En: Freudiana No. 19, Barcelona, 1997.

[5] Jacques Lacan. Escritos 1. “El seminario sobre la carta robada”. Buenos Aires. Piadós. 2011. Pág 27.

[6] “Y para encaminarnos desde el polo del vocablo [mot] hacia el polo de la palabra [parole], definiré al primero como el punto de concurrencia del material más vacío de sentido en el significante con el efecto más real de lo simbólico, lugar que sostiene el santo y seña [mot de passe], bajo la doble faz del sinsentido al que al costumbre lo reduce, y de la tregua que aporta a la enemistad radical del hombre con su semejante. Punto cero, sin duda, del orden de las cosas, dado que ninguna cosa aparece aún allí, pero que ya contiene todo lo que el hombre puede esperar de su virtud, puesto que quien tiene el vocablo [mot] evita la muerte [mort].” Lacan J. Otros escritos. “Discurso de Roma”. Buenos Aires, Paidós. 2014. Pag. 165.

[7] Lacan J. “Escritos 1”. El seminario de “La carta robada”. Buenos Aires. Siglo Veintiuno Editores. 2011. Pág 55

[8] Lacan J. “Escritos 1”. El seminario de “La carta robada”. Buenos Aires. Siglo Veintiuno Editores. 2011. Pág 55.

[9] Lacan J. Seminario 18. Buenos Aires. Paidós. 2009. Pág 91.

[10] Lacan J. “Escritos 1”. El seminario de “La carta robada”. Buenos Aires. Siglo Veintiuno Editores. 2011. Pág 34.

[11] Lacan J. De un Otro al otro. “Aporías Respuestas”. Buenos Aires. Paidós. 2008. Pag 297.

[12] Borges J. Otras inquisiciones. Obras completas. Buenos Aires. Ed Sur. 1998.

[13] Lacan J. “Escritos 1”. El seminario de “La carta robada”. Buenos Aires. Siglo Veintiuno Editores. 2011. Pág 35.

[14] Lacan J. “Hablo a las paredes”. Buenos Aires. Paidós.2013. Pág 23-24.

[15] Borges J. Otras inquisiciones. Obras completas. Buenos Aires. Ed Sur. 1998.

[16] Lacan J. De un Otro al otro. “Las dos vertientes de la sublimación”. Buenos Aires. Paidós. 2008. Pág 212.

[17] Lacan J. Otros Escritos. “El atolondradicho”. Buenos Aires. Paidós. 2014. Pág. 475.

¿Cuál cuento de Borges te gustaría que analicemos?

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